¿Por qué Medicina Narrativa?

Siempre fui una lectora ávida, aunque no fue mucha la literatura seria que pasó por mis manos (con excepción de las lecturas obligatorias del instituto). Cuando comencé la carrera de medicina, empecé a sentirme culpable del tiempo perdido en la lectura.

Durante la formación en la especialidad de medicina de familia, aprendí la importancia de comunicación, la necesidad de aprender y practicar, y la imposibilidad de dominarlo jamás. Lo que supone un aprendizaje continuo y una reflexión permanente sobre la propia práctica.

En un determinado momento de mi vida, decidí volver a estudiar aquello que había abandonado por los requerimientos académicos y estudié el grado de Humanidades (UOC). Aprender antropología, sociología, filosofía o literatura me abrieron un espacio de comprensión sobre la práctica médica. Buscando puentes que unieran la medicina y la humanidades me di de bruces con la medicina narrativa. Y me abrió un horizonte estimulante.

La práctica y aprendizaje de medicina narrativa me aporta no solo una herramienta útil en la consulta, también me transforma continuamente al cambiar el modo en que interpreto las historias de los pacientes, e incluso mi propia historia, permitiéndome descubrir nuevas perspectivas que abren nuevos caminos de relación terapéutica.

Tras años de aprender, me ilusiona compartir con todos este conocimiento. Soy consciente de que la mayoría del material está en inglés y que esto puede ser un obstáculo para muchos profesionales hispanohablantes. Mi intención es proporcionar pistas para que la elección del material a leer sea lo más eficiente posible.

¿Qué aporta la medicina narrativa que no haya hecho previamente otra formación en comunicación? El objetivo de la medicina narrativa no es proporcionar una herramienta útil para la consulta, a pesar de serlo. Esto va más en la idea de transformar el cómo y el porqué, el fondo de la relación profesional-paciente, y al propio profesional, permitiéndonos tener una nueva visión, compleja, múltiple en cuanto a perspectivas, rica en matices y, también, comprometida con el paciente y la sociedad. No es una lista de tareas a completar, un check-list de la comunicación.

Introducirse en medicina narrativa implica estar abierto a lo que pueda pasar, a seguir un camino lleno de sorpresas. Es estimulante. Creo, aunque no lo puedo demostrar científicamente, que es una forma de mantener a raya el agotamiento emocional que acoompaña a esta profesión, cambiando la actitud de “defensa y escudo” ante las emociones que nos han enseñado en la facultad, por una abieta al reconocimiento de nuestras propias emociones como parte de la relación de cuidado.

La medicina narrativa no busca quedarse en la consulta. El compromiso de su práctica implica ir descubriendo las injusticias que subyacen en el modo en que las historias personales de los pacientes y profesionales quedan ocultas o modificadas en el sistema sanitario y como esto influye en el cuidado que reciben.

Lo mejor es que es un camino permanentemente en construccion, con lo que se garantiza que el aburrimiento no es una opción.

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