Un programa de medicina narrativa interprofesional en atención primaria

Gowda D, Curran T, Khedagi A, Mangold M, Jiwani F, Desai U, et al. Implementing an interprofessional narrative medicine program in academic clinics: Feasibility and program evaluation. Perspectives on Medical Education. febrero de 2019;8(1):52-9.

Publicado en 2019 (acceso libre aquí) , este trabajo presenta una experiencia de formación en medicina narrativa en tres centros docentes de atención primaria, dirigida por profesores y profesionales del Departamento de Medicina Narrativa de la Universidad de Columbia. En el artículo se centran en presentar las características del programa, las barreras y facilitadores para su implantación y una evaluación inicial orientada al proceso.

El programa, de un año de duración, se implementó en tres centros docentes de atención primaria a los que acudían residentes de medicina de familia, medicina interna y pediatría. El programa se incribió dentro de las actividades obligatorias del equipo (reuniones). Debían acudir tanto los médicos y residentes como las enfermeras, asistentes médicos (una figura que no existe en nuestro entorno), trabajadores sociales, administradores y cualquier otro presonal clínico.

Las sesiones tenían una duración de 30 minutos, con cuatro actividades: conectar con una obra de arte, escribir una propuesta de escritura, compartir lo escrito en parejas y compartir en el grupo grande. Se adpataron, en cuanto al tiempo y al material creativo en funcion de las necesidades de los participantes (por ejemplo, usaron una canción en español en un centro donde la mayoría del equipo hablaba español).

Se evaluó el programa mediante:

  • notas tomadas durante las sesiones.
  • entrevistas semi-estructuradas longitudinales realizadas a lo largo del programa: la principio, a l amitad y al final.
  • cuestionario de 12 preguntas sobre barreras, facilitadores y reacciones al programa.

Se realizó un análisis cualitativo mediante un proceso inductivo.

Los resultados fueron los siguientes:

  • se realizaron 36 sesiones (12 en cada centro)
  • se analizaron 32 notas de observación y 33 entrevistas.
  • el cuestionario lo contestaron 50 de 104 participantes (en el artículo se puede ver la distribución por categorías).
  • A cada sesión acudieron una media de 11 personas.
  • el 56% de los que contestaron al cuestionario refirieron haber acudido a la mitad o más de las sesiones.
  • Durante las sesiones, los asistentes participaron de manera activa en todas las actividades propuestas. En ocasiones, se quedaban tras el fin continuando las conversaciones.
  • 94% de los que respondieron al cuestionario recomienda el programa a otros centros, el 74% continuaría participando.
  • Destacan los autores el intercambio que se producía entre profesionales de diferentes niveles jerarquicos y diferente profesión. Destacan la implicación de todos.
  • Un participante destacó la potencia del programa para facilitar el diálogo interprofesional.
  • Las barreras más importantes tenían que ver con el tiempo disponible para acudir, especialmente cuando había trabajo con pacientes. Refieren los autores la necesidad de disponer de tiempo protegido.

En las conclusiones destacan el éxito de implantar el programa en un entorno clínico (la mayoría de los programas de MN se realizan en centros académicos, con estudiantes y dentro de sus programas de formación). Destacan el modo en que el programa facilita la comunicación entre profesionales diferentes rompiendo con las barreras corporativistas y jerárquicas, facilitando la creación de equipo (no se realizó ninguna medida específica que pudiera dar idea de ese “equipo”).

Se refieren tambien al programa como una forma de introducir las humanidades de la salud en los entornos clínicos. El programa, 30 minutos al mes, parece adecuado para cualquier entorno clínico, siempre y cuando se proteja ese tiempo y se le de importancia por parte de los responsables.

Está pendiente una evaluación más profunda del impacto en aspectos ocmo la comunicación, la jerarquía, la cohesion y comportamientos clínicos.

Como principal limitación mencionan que aún no se sabe cuál es el número necesario de sesiones para conseguir un impacto.

Desde que se publicaron los otros dos artículos presentados este mes (aquí y aquí) hasta este trabajo han pasado 18 años. Los programas de MN han migrado desde las universidades a los centros de trabajo clínico, desde los estudiantes a los médicos. Muestra el interés permanente por conseguir evidencia científica de los postulados teóricos de la MN.

De este trabajo destacaría la posiblidad de exportarlo a casi cualquier centro sanitario. 30 minutos al mes es una carga aceptable, si se organiza con interés y tiene el apoyo de los jefes. Por supuesto, no todos disponemos de profesionales formados en el master de medicina narrativa, pero eso sería otro factor a incluir para pasar de la eficacia a la efectividad en el mundo real. Sería muy interesante realizar también algún tipo de evaluación, cuantitativa o cualitativa, del ambiente de trabajo y el sentido de equipo. Y valorar si el efecto se mantiene incluso en los miembros que acuden a menos sesiones, o si tiene impacto percibido por quienes no acuden a ninguna.

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