¿Qué es narrativo en Medicina?

Cuando comienzas a bucear en la literatura ( esto es, la bibliografía académica) te encuentras con cientos de experiencias que rondan lo narrativo. Aclarar cuáles son y cuáles no son medicina narrativa podría ser interesante, principalmente para ser correctos académicamente. Eso no significa que las experiencias relacionadas con la narración que no son estrictamente medicina narrativa, no tengan interés, impacto o utilidad. Cada una tiene su parcela, su interés y su aplicación, así como sus defensores y detractores.
Lo narrativo en ciencias y, posteriormente, en medicina, surge de la evolución del llamado giro narrativo que ocurrió en las ciencias humanas, filosofía fundamentalmente, y sociales (psicología, antropología, sociología…). El giro narrativo, en breve, es el reconocimiento de que el conocimiento que tenemos del mundo se estructura en forma de historias. Historias que construimos individual y colectivamente mediante la selección de hechos con significado, pero no de todos los hechos que nos ocurren. La narración es una forma de dar sentido a esos hechos. Esta construcción narrativa del conocimiento tiene sus detractores, por supuesto, de los que escribiré en otra ocasión. Entre sus defensores principales habría que mencionar a Ricoeur en filosofía, o a Bruner en psicología.
Cuando lo narrativo llega a la medicina, surgen algunos teóricos que empiezan a explicar de qué manera la medicina (y la práctica clínica, la ética, etc.) son prácticas narrativas.Por ejemplo, Kathlyn Montgomery, en su libro Doctors’ Stories, The Narrative Structure of Medical Knowledge, presenta una elaborada reflexión sobre el fondo narrativo de la actividad diaria de los médicos. PAra llegar a esta conclusión, la autora realizó un proyecto de observación participante durante un año en un hospital. La construcción narrativa del conocimiento médico afecta no solo a la práctica extendida de usar la anécdota como medio de aprendizaje, enseñanza y reflexión sobre casos clínicos, sino también al modo en que la historia de enfermedad de un paciente se convierte, por un proceso muy similar al de la traducción de un idioma a otro, en una narración coherente con el lenguaje médico y que facilita el trabajo de diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, en este proceso, indefectiblemente la historia se transforma.
En The Wounded Storyteller, de Arthur Frank, se presentan los tipos de historias en los que se narra una experiencia de enfermedad y el modo en que la elección (consciente o inconsciente) de uno u otro tipo tiene repercusiones en el enfermo. Su clasificación incluye las historias de búsqueda, las de redención y las de caos.
En The Illness Narratives, Arthur Kleinman presenta la diferencia entre dolor y sufrimiento , y como la enfermedad interrumpe el normal desarrollo de la historia vital de una persona.
La inclusión de lo narrativo en medicina tiene ya una cierta historia. Desde los años 70, Las facultades americanas de medicina han ido incorporando asignaturas de literatura y medicina, con el objetivo, entre otros, de permitir a los alumnos comprendan el sufrimiento humano y el impacto de la enfermedad de una manera más segura emocionalmente.
Otro desarrollo ligado a la actitud narrativa de los profesionales sanitarios, es la escritura reflexiva. Multitud de experiencias docentes han establecido la utilidad de la escritura como método de reflexión sobre la práctica clínica, y también como método de evaluación de la capacidad reflexiva de los profesionales. En países como el Reino Unido, la elaboración de textos reflexivos sobre la práctica clínica forma parte del proceso de reacreditación profesional. Gillie Boston y su Reflective Writing puede ser un excelente material para introducirse en esto, aunque como mucho de lo presentado, no está disponible en español.
La medicina narrativa, tal y como la definió Rita Charon, procede tanto del conocimiento derivado de la formación en literatura y medicina, como de la práctica de la escritura reflexiva. Lo que se modifica es su foco. El interés de la MN está en la adquisición de competencias directamente aplicables a la práctica clínica. Para ello hace uso de dos herramientas: la lectura atenta (literatura) y la escritura creativa (reflective writing). Existen otras medicinas narrativas o basadas en narrativas, algunas con un corte más psicoterapéutico, como la que impulsa Lewis Madrohna. Los límites entre todas son borrosos, no hay muros claros. Todos se enriquecen mutuamente. Cada profesional, en función de su preparación, su contexto, su experiencia, podría usar uno u otro método. Y todos aportan elementos positivos. Lo más importante es evitar la desaparición del aspecto humano de la práctica médica. Es imposible hablar de humanización si olvidamos que los seres humanos somos algo más que datos en un ordenador, que procesamos nuestras experiencias vitales en modo de narración, que frecuentemente necesitan ser contadas para adquirir todo su sentido.

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